jueves, 12 de mayo de 2016

LA ENCONTRÉ EN EL PARQUE

Auggie dio una vuelta en la cama y abrazó la almohada , escuchó un ladrido y volvió a dar otra vuelta cayendo sobre su otro costado, repitió el anterior gesto y abrazó de nuevo la almohada. De golpe abrió los ojos, a la misma vez que otro ladrido volvía a escucharse. ¡Mierda Zeus! dijo mientras saltaba de la cama. Su mujer se había ido a trabajar la librería y él había quedado con ella en que iría más tarde, ya que tenía que sacar a pasear su perro Zeus. Pero aquella mañana se había quedado dormido.

Auggie corriendo se puso unos pantalones, una camiseta cualquiera y unas deportivas fluorescentes que no pegaban con el resto de la ropa, y abrió la puerta. Allí estaba Zeus con la cadena en la boca, moviendo el rabo, emocionado, más de saber que iban a la calle que de  ver a su dueño como tal. Auggie lo acarició y pensó en quién era a quien sacaba a quien a pasear.

Zeus suelto en aquel enorme parque de césped verde corría con todas su fuerzas, jugaba con otros perros y saludaba a los niños y a los ancianos que le llamaran la atención y es ese momento, como de costumbre, lo estaba volviendo a hacer. Allí estaba Zeus saludando a una anciana sentada en un banco, acariciándole la cabeza. ¡Zeus!, ¡Zeus! lo llamó pero él, como de costumbre, no le hizo ni caso. Tan solo le contestó ladrando mientras la mujer le acariciaba la cabeza.

Auggie se acercó volvió a llamar a Zeus, se dirigió a la anciana y le dijo

- Disculpe señora si mi perro le está molestaaanndoo- tartamudeó.

Él se quedó sin palabras, ¿cómo demonios..?¿Qué hacía Ethel allí?, ¿Vendría en busca de la cámara de fotos?, 

- Sí, claro señora Ethel. ¿Qué hace usted aquí?
- Me han echado de casa hijo, una toda la vida pagando para esto, para nada.
- ¿Y su nieto? ¿Qué van a hacer ahora?
- Se quedó tan avergonzado cuando le vio en casa que salió corriendo y no ha regresado, quizá pensaba que le iba a castigar. Yo que hace años que no le levanto la voz, quizá se avergonzó del contenido del libro.

Estaba allí , sentada en aquel banco se veía cansada y frágil. Auggie no sabía que decir y fue la abuela la que continuó. Ethel lo cogió de la mano y le dijo que Dios lo había puesto en su camino de nuevo. La anciana le preguntó si podía llevarla con él.

Auggie no sabía que hacer, ni que le diría a su mujer sobre Ethel si se la llevaba a casa, pero tampoco podía dejarla en la calle. ¿Por qué tuvo que buscar al dueño de esa cartera?. La abrazó y le dijo que la llevaría a su casa, por lo menos durante algunos días hasta encontrar un lugar donde dejarla. La anciana le devolvió el abrazo, aunque un poco frío, y se puso en pie. Auggie le puso la cadena a Zeus, cogió la maleta y con la otra mano agarró a Ethel.

Cuando llegaron a casa Auggie abrió la puerta, dejó pasar al perro y ayudó a Ethel a entrar.

Las llaves de  Caroline, su mujer, estaban en el mueble de la entrada, al parecer había llegado antes. Ella salió de la cocina, acarició al perro y se encontró a su marido que todavía sostenía a  Ethel.

ASÍ COMENZÓ TODO

Ethel escuchó salir a Auggie, esta vez se levantó y cerró el cerrojo. Se estaba haciendo la dormida y  había escuchado como trasteaba en el baño, ¿que podría haber en las estanterías del baño que le interesara?

Ella sabía bien que su nieto se traía negocios turbios entre manos pero un libro era algo que nunca podría haberse imaginado.

A la mañana siguiente la despertó un ruido, alguien golpeaba la puerta. Algo le decía que no era su nieto, se puso las zapatillas y se anudó la bata de camino a la puerta, se preguntaba si sería el chico de la tarde anterior. Abrió la puerta sin quitar la cadena y preguntó quién era con su voz quebrada y afable. Un señor, de voz tosca que poco hizo por presentarse le preguntó si ella era la dueña de la casa. Ante el ademán que ella hizo con la cabeza  el señor comenzó a leerle una serie de leyes que no comprendía, sin embargo, ya sabía a qué venía. Le cerró la puerta en las narices y el señor solo pudo decir: "vendremos mañana y por su bien mejor será que se haya ido ya".

Se preparó el desayuno como todas las mañanas, luego desempolvó el papel de burbujas y sacó del altillo una maleta que años antes había comprado para salir de viaje, sueños que quedaron coartados cuando tras aquel incendió quedó ciega y su hija la dejó a cargo del joven Robert.

Cuando ya había empaquetado su escasa ropa y los pocos enseres que recordaba tener se decidió a llamar un taxi. No quiso dilatarlo más, sabía que tenía que irse y salió por la puerta sin mirar atrás.










martes, 10 de mayo de 2016

EN CASA DE AUGGIE

Caroline pensó que era extraño, normalmente le daba un paseo mucho más largo a Zeus, ella pensó que quizá se había olvidado de las bolsas para recoger los regalitos. Zeus andaba más agitado de lo normal, entró ladrando y corriendo.

- Caroline: Zeus ¿ya estáis aquí? que poquito te quiere papá...- no había terminado la frase cuando la voz de Auggie le interrumpió-.

- Auggie: Caroline esta es Ethel viene a quedarse unos días hasta que solucionen unos problemillas que hay en su casa. ¿No hay ningún problema verdad?

- Caroline: Por supuesto que no, vamos a la cocina amor y me ayudas a poner un vaso más de zumo.

- Auggie y Caroline salen del salón dirección a la cocina entre susurros, lo suficientemente débiles como para que el agudizado oído de Ethel no llegará a entender nada. Zeus se colaba entre sus piernas y se le subía en busca de caricias. Cuando llegaron a la cocina Auggie comenzó a explicarse.

- Auggie: ¿Recuerdas aquél chico, el de la cartera y el libro? mientras tú estabas con tu madre yo decidí ir a devolvérsela. Al llegar a la casa no había ni rastro del chico pero estaba ella, allí, tan sola. Me invadió el espíritu navideño, hice una cena rápida y me fui en cuanto calló dormida.

- Caroline: Pero... ¿Y el nieto?¿Cuánto tiempo se va a quedar?¿Dónde va a dormir? No quiero una extraña aquí..

- Auggie: Caroline su casa está embargada, está sola, en la calle y preocupada. Será solo hasta que averigüe que fue de su nieto y donde podría hospedarse. Que mal nos puede hacer una señora anciana y ciega, por favor.

- Caroline: Un par de días y no más, considéralo como mi regalo de navidad.

Al llegar al salón con el zumo Zeus estaba en el regazo de Ethel, nunca había estado tan feliz y tan tranquilo. Se sentaron a desayunar y al terminar Caroline se despidió de ambos y se fue a trabajar.

- Ethel: Me gustaría que me acompañara a casa para que dieras por mí un último vistazo, a ver si me he dejado algo importante.

- Auggie: Claro Ethel, por supuesto. 

Juntos se pusieron en camino y al llegar a la casa todo estaba revuelto, tirado, había cristales rotos y cojines rajados... Auggie tenía aún una gran duda ¿debía decirle cómo estaba la casa? Parecía que habían entrado a robar










DE VUELTA A LA CASA

Auggie hizo una llamada a un antiguo amigo de la infancia que por aquel tiempo había escalado hasta el puesto de juez. Después de un rato recibió respuesta, no, no había ninguna orden de embargo de aquel domicilio. Si era así ¿Quién había sido el señor que había amenazado a Ethel? ¿Por qué la hizo salir de casa?

 Al escuchar la noticia Ethel rompió a llorar, nada podía hacerle más feliz que volver a su hogar. Allí se sentía a salvo, era autosuficiente, todo estaba a su alcance todo a su altura. Sin embargo la felicidad iba a ser tan efímera como le corresponde. Auggie se apresuró a contarle como estaba su casa y su teoría pero antes de que pudiera articular palabra un par de personas salieron de entre los muebles corriendo hacia la puerta. Ethel en ese momento cayó desplomada.


Auggie llamó inmediatamente una ambulancia sin poder darle coherencia a lo que decía, soltaba datos inconexos y los pocos minutos que tardó la ambulancia en llegar le parecieron horas. No sabía si tocarla, si levantarla o intentar una RCP, ni si estaba viva o muerta. Por suerte antes de que se decidiera a hacer nada escuchó la sirena.

EN EL HOSPITAL

Como cada mañana después de ordenar el material para las intervenciones: las jeringuillas, los guantes de látex, el algodón… Me dispuse a pasar por la habitación 113 , me gustaba pasar antes de terminar cada turno a ver a aquella anciana guerrera. Había sufrido varios infartos en lo que llevaba de semana pero últimamente estaba estable como si se fuera a despertar en cualquier momento.
Al llegar a la habitación me percaté de que había alguien con ella y me puse a hacer como que ordenaba la cama de al lado. Obviamente hacer camas no es mi trabajo pero quería saber quien era ese señor.

Después de un rato comprendí que no era un familiar a pesar del tono compresivo y dulce con el que le hablaba pues aún le hablaba con cierta distancia y respeto.  La verdad es que la historia de la señora es de lo más curiosa, un nieto que roba, unos ladrones que quieren robarle lo robado, alguien que viene a verla y le confiesa que un día le robo una cámara que buscaban los ladrones. En lo más interesante de la historia apareció una sombra en la puerta, un chico joven y delgaducho con mirada perdida parecía dudar entre si debía o no entrar.

Cuando la anciana y el acompañante se dieron cuenta de su presencia, fascinados, le invitaron a sentarse con ellos. El chico les contó que robaba para pagar una deuda que había contraído su madre antes de morir de sida. No quiso pedir ayuda ni asustar a su abuela pero al intentar solucionarlo solo se metió en un lío mayor porque cada vez tenía que robar más cantidad para poder : por un lado, responder ante sus extorsionadores y por otro,  conseguir dinero para ayudar a su abuela y encubrir así el tiempo que dedicaba a robar como si estuviera trabajando.

El último problema vino cuando no encontró una cámara que había robado para hija de su jefe, el juraba y perjuraba que la había guardado en el baño pero se había metido tanta droga para aguantar la adrenalina del robo que no recordaba ni como había llegado a casa.

En ese momento la cara del señor que les acompañaba empalideció, había sido él, había sido por su culpa, no iba a perdonárselo jamás. Tenía que volver a casa y decirle a Caroline que su regalo de navidad ya no era suyo, ya se lo remplazaría, quizás por un libro.