Caroline pensó que era extraño,
normalmente le daba un paseo mucho más largo a Zeus, ella pensó que quizá se
había olvidado de las bolsas para recoger los regalitos. Zeus andaba más
agitado de lo normal, entró ladrando y corriendo.
- Caroline: Zeus ¿ya estáis aquí? que poquito te quiere
papá...- no había terminado la frase cuando la voz de Auggie le interrumpió-.
- Auggie: Caroline esta es Ethel viene a quedarse unos
días hasta que solucionen unos problemillas que hay en su casa. ¿No hay ningún
problema verdad?
- Caroline: Por supuesto que no, vamos a la cocina amor
y me ayudas a poner un vaso más de zumo.
- Auggie y Caroline salen del salón dirección a la
cocina entre susurros, lo suficientemente débiles como para que el agudizado
oído de Ethel no llegará a entender nada. Zeus se colaba entre sus piernas y se
le subía en busca de caricias. Cuando llegaron a la cocina Auggie comenzó a
explicarse.
- Auggie: ¿Recuerdas aquél chico, el de la cartera y el libro?
mientras tú estabas con tu madre yo decidí ir a devolvérsela. Al llegar a la
casa no había ni rastro del chico pero estaba ella, allí, tan sola. Me invadió
el espíritu navideño, hice una cena rápida y me fui en cuanto calló dormida.
- Caroline: Pero... ¿Y el nieto?¿Cuánto tiempo se va a
quedar?¿Dónde va a dormir? No quiero una extraña aquí..
- Auggie: Caroline su casa está embargada, está sola, en
la calle y preocupada. Será solo hasta que averigüe que fue de su nieto y donde
podría hospedarse. Que mal nos puede hacer una señora anciana y ciega, por
favor.
- Caroline: Un par de días y no más, considéralo como mi
regalo de navidad.
Al llegar al salón con el zumo Zeus estaba en el
regazo de Ethel, nunca había estado tan feliz y tan tranquilo. Se sentaron a
desayunar y al terminar Caroline se despidió de ambos y se fue a trabajar.
- Ethel: Me gustaría que me acompañara a casa para que dieras por mí un último vistazo, a ver si me he dejado algo importante.
- Auggie: Claro Ethel, por supuesto.
Juntos se pusieron en camino y al llegar a la casa todo estaba revuelto, tirado, había cristales rotos y cojines rajados... Auggie tenía aún una gran duda ¿debía decirle cómo estaba la casa? Parecía que habían entrado a robar
- Ethel: Me gustaría que me acompañara a casa para que dieras por mí un último vistazo, a ver si me he dejado algo importante.
- Auggie: Claro Ethel, por supuesto.
Juntos se pusieron en camino y al llegar a la casa todo estaba revuelto, tirado, había cristales rotos y cojines rajados... Auggie tenía aún una gran duda ¿debía decirle cómo estaba la casa? Parecía que habían entrado a robar

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