Auggie dio una vuelta en la cama y abrazó la almohada , escuchó un ladrido y volvió a dar otra vuelta cayendo sobre su otro costado, repitió el anterior gesto y abrazó de nuevo la almohada. De golpe abrió los ojos, a la misma vez que otro ladrido volvía a escucharse. ¡Mierda Zeus! dijo mientras saltaba de la cama. Su mujer se había ido a trabajar la librería y él había quedado con ella en que iría más tarde, ya que tenía que sacar a pasear su perro Zeus. Pero aquella mañana se había quedado dormido.
Auggie corriendo se puso unos pantalones, una camiseta cualquiera y unas deportivas fluorescentes que no pegaban con el resto de la ropa, y abrió la puerta. Allí estaba Zeus con la cadena en la boca, moviendo el rabo, emocionado, más de saber que iban a la calle que de ver a su dueño como tal. Auggie lo acarició y pensó en quién era a quien sacaba a quien a pasear.
Zeus suelto en aquel enorme parque de césped verde corría con todas su fuerzas, jugaba con otros perros y saludaba a los niños y a los ancianos que le llamaran la atención y es ese momento, como de costumbre, lo estaba volviendo a hacer. Allí estaba Zeus saludando a una anciana sentada en un banco, acariciándole la cabeza. ¡Zeus!, ¡Zeus! lo llamó pero él, como de costumbre, no le hizo ni caso. Tan solo le contestó ladrando mientras la mujer le acariciaba la cabeza.
Auggie se acercó volvió a llamar a Zeus, se dirigió a la anciana y le dijo
Él se quedó sin palabras, ¿cómo demonios..?¿Qué hacía Ethel allí?, ¿Vendría en busca de la cámara de fotos?,
- Sí, claro señora Ethel. ¿Qué hace usted aquí?
- Me han echado de casa hijo, una toda la vida pagando para esto, para nada.
- ¿Y su nieto? ¿Qué van a hacer ahora?
- Se quedó tan avergonzado cuando le vio en casa que salió corriendo y no ha regresado, quizá pensaba que le iba a castigar. Yo que hace años que no le levanto la voz, quizá se avergonzó del contenido del libro.
Estaba allí , sentada en aquel banco se veía cansada y frágil. Auggie no sabía que decir y fue la abuela la que continuó. Ethel lo cogió de la mano y le dijo que Dios lo había puesto en su camino de nuevo. La anciana le preguntó si podía llevarla con él.
Auggie no sabía que hacer, ni que le diría a su mujer sobre Ethel si se la llevaba a casa, pero tampoco podía dejarla en la calle. ¿Por qué tuvo que buscar al dueño de esa cartera?. La abrazó y le dijo que la llevaría a su casa, por lo menos durante algunos días hasta encontrar un lugar donde dejarla. La anciana le devolvió el abrazo, aunque un poco frío, y se puso en pie. Auggie le puso la cadena a Zeus, cogió la maleta y con la otra mano agarró a Ethel.
Cuando llegaron a casa Auggie abrió la puerta, dejó pasar al perro y ayudó a Ethel a entrar.
Las llaves de Caroline, su mujer, estaban en el mueble de la entrada, al parecer había llegado antes. Ella salió de la cocina, acarició al perro y se encontró a su marido que todavía sostenía a Ethel.

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